Está llena de tristeza. Date cuenta de que, a penas la tocas, se derrama en lágrimas como si ese cuerpo tan pequeño no contuviera otra cosa. Como cuando mueves un vaso lleno hasta el borde. Así precisamente está ella, desbordada de sentimientos dispares que la siguen haciendo parecer la chica más triste de la ciudad.
Pero amigo, el mundo está lleno de chicas tristes. Las puedes ver andando por la calle, con una bonita máscara prefabricada de base de maquillaje, antiojeras, colorete de marca y máscara de pestañas. No te dejes engañar, esas pestañas espesas solo sirven para enmarcar unos ojos de brillo acuoso que resguardan sus almas opacas. Tras sus acartonadas sonrisas puede adivinárseles un atisbo de belleza; porque - ya te darás cuenta- algunas de ellas son endiabladamente bellas.
Y yo qué sé, puede que algunas de estas chicas tristes solo necesiten un beso en la frente pero cualquiera se atreve a si quiera rozar esa fragilidad, ¿no crees?
Lo cierto es que, digan lo que digan, es una pena.
jueves, 23 de enero de 2014
FRAGILIDAD
miércoles, 1 de enero de 2014
DEL DÍA EN QUE TUVE LOS PIES MÁS CALIENTES QUE EL RESTO DEL CUERPO
Anochece y mis pies son ahora dos témpanos, gélidos y violáceos. Y se me ocurre que quizás puedas venir aquí y calentarme los pies, derretir su escarcha, con esa paciencia y dedicación tuyas.
Ten mis pies. Acógelos en tus manos, apriétalos entre tus muslos o ponlos debajo de ti. Enróllalos en la manta, mételos debajo de tu suéter o frótalos como si fueras a hacer fuego. Sé que, si cupiesen, me ofrecerías el interior de tu boca para calentarlos, pero solo caben mis dedos. Aún así deja que sienta tu cálido aliento sobre ellos.
Caliéntame los pies, como quien calienta a un gatito repudiado por su madre, como la taza de café humeante que es rodeada por unas manos frías, como si fueras una resistencia que calienta el aire. Caliéntame los pies o el resto de mi cuerpo a ver si así, por extensión, consigo dejar de pensar en que tengo los pies fríos. Podrías introducirte dentro de mí e incendiar un bosque desde dentro dejando que bailen las chispas. Provoca llamaradas, deflagraciones, haz que arda en una febril combustión y deja que se apaguen poco a poco las ascuas. Que solo queden cenizas candentes en mis pies para dilatar lo caliente. Caliéntame la vida, a besos, a mordiscos, a lengüetazos, con tu cuerpo y tu aliento o tus manos. Y haz que este sea el único momento en el que tenga los pies más calientes que el resto del cuerpo.